lunes 14 de diciembre de 2009

ATRAVESANDO EL DESIERTO HASTA NUEVA YORK

Ahora me encuentro solo, no tengo qué comer, ni qué beber, el sol se encuentra encima de mí. Por donde veo hay arena, y soledad. Estoy débil, necesito líquido en mi cuerpo estoy deshidratado. Veo espejismos, veo oasis que no existen, veo animales imaginarios. No sé cuánto pueda resistir. Caigo al suelo, débil, y la arena me cubre. Es de noche, ahora el frío es intenso, no lo soporto, pero puedo ver las estrellas, y me duermo. Ahora viajo sobre un camello, que huele muy feo, apesta, un beduino vestido de blanco me ha rescatado. El beduino me ha dado de beber, no me dejó morir. Llegamos a una tienda de campaña, hay otros camellos y otros beduinos. Todos visten de blanco, no parecen ser pobres. Me repongo. Duermo horas, quizás días. Llegamos a una enorme ciudad de ladrillo rojo, mucho bullicio, muchas voces, ahora puedo estar en pie, los beduinos me han salvado la vida, y me dejan en medio de la ciudad, sólo me sonríen y me dan una bolsa con pan. Les doy las gracias y los veo partir. Ahora estoy sólo en la ciudad, en medio de la gente, como un poco de pan, y me refugio debajo de un techo. La gente me da monedas, creen que soy un mendigo, con las monedas compro algo de comer porque se me ha acabado el pan. Y ahora en la ciudad soy un mendigo, en un sitio desconocido. Nadie me habla, pero me dan limosnas, con las monedas compro un vestido, y la gente deja de darme monedas. Vago hasta llegar a un enorme edificio que parece ser un palacio. Me reciben en el palacio, el dueño es un príncipe muy poderoso, le cuento mi historia, me deja quedarme en el palacio, y ahora soy un bufón que cuenta chistes por comida. Me quedo en el palacio diez años, soy el bufón del príncipe. Me caso con su hija, y nos vamos de la ciudad. Llegamos a Nueva York, donde pongo un stand up comedy, y ahora salgo en televisión. Me vuelvo rico, y entro al mundo del cine, hago películas, cobro millones. Tengo siete hijos, todos quieren ser psicólogos, y todos estudian en la universidad. Mis siete hijos se vuelven psicólogos y todos quieren trabajar en clínicas psiquiátricas, los dejo. Me retiro a las montañas con mi esposa, ya no cuento chistes, ni salgo en películas, ahora estoy viejo y vivo con ocho perros. Soy feliz. Y mis hijos también son felices.

FIN